Cuando jugabas y fingías que me dejabas solo, sentí la misma sensación que cuando era un niño y mientras caminaba con mi mamá, me detenía, midiendo cuanto tiempo aguantaba con la idea de quedar solo. Mi mamá caminaba sin notarlo, cruzaba la calle o giraba en alguna cuadra... Sentí esa misma sensación en el estómago... ese miedo en forma de consquillas.
Y sentí que dentro de un corto tiempo lo que hacías ya no sería un juego, ya no lo fingirías.
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